Cada cierto tiempo uno tiene la suerte de encontrase con una pequeña joya de difícil descripción. Sin saber muy bien porque te das cuenta de que estás ante algo diferente. Esto me pasa muy a menudo con Eric Clapton, su increíble capacidad para comunicar lo convierte en un músico especial, diferente, conmovedor. Hay músicos que dedican toda su vida a buscar “ese” sonido que les haga especiales, que les diferencie de los demás. Unos lo consiguen alguna vez en la vida, otros jamás llegan a vivir ese momento, y de vez en cuando uno se encuentra con tipos como Eric Clapton que disfrutan de “ese“ sonido, de “esa“ nota casi cada noche. No se puede explicar, simplemente se siente, sabes enseguida que está ahí. Hace unos días revisando su gira por Japón del año 2001 me encontré con una de esas joyas. Siempre he pensado que el comienzo del siglo 21 no fue una época de especial inspiración de Eric. Evidentemente mantuvo el tipo en directo, como lo ha hecho siempre en toda su carrera pero no pasarán a la historia esos años. La gira por Japón -que me conste al menos 16 conciertos- transcurrió como es de costumbre en Eric y su Banda. Una magnífica base rítmica apoyada en Steve Gadd en la batería y Nathan East en el bajo, corrección técnica y un sonido muy cuidado. La elección de los temas no es la más atractiva para un aficionado que está al “otra lado del cruce de caminos”, para alguien que venga del blues. Temas de su época pop superventas de mediados de los noventa y algún guiño al pasado con alguno de sus clásicos.
Sin embargo la noche del 24 de Noviembre fue distinta. Ocurrió en Nagoya. Clapton salió solo, enfundando su guitarra acústica, probablemente una Martin 00. Y simplemente empezó a tocar blues. Cuando apenas se han escuchado unas notas ya se intuye que esta va a ser una gran noche, lo ha vuelto a encontrar. Esa nota, ese sonido incalificable, ese feeling que lo distinge y lo hace especial, que lo pone en un pedestal, que lo eleva por encima de los demás. Es “Key to the Highway “ un blues de los años 40 popularizado por Big Bill Broonzie. Clapton lo lleva dentro, en ese momento solo hay una descripción posible; Clapton es el Blues.
El concierto transcurre de forma brillante, siempre en formato acústico, con temas nuevos como “Got you on my mind” o “Reptile” hasta que llegamos a la versión acústica de “Layla”, uno de los mejores momentos de la noche.
Acaba el formato acústico y la banda enlaza “River of Tears”, “Going Down Slow” y “She´s Gone”. Y es aquí donde Clapton traspasa la línea que separa un gran concierto de una noche inolvidable. Estamos ante la mejor versión de “Going Down Slow” mientras que el riff de la intro de “She´s Gone” nos transporta a un Clapton de otra época, apartándose del camino fácil y buscando en el otro lado. Tras la figura rítmica habitual Clapton explora ideas nuevas que más tarde aplicará en un tórrido e imaginativo “solo”, encuentra esas notas que sólo él sabe dónde están y cambia por completo el sentido de la canción para finalmente volver al riff inicial.
La “semilla” ya está plantada y a partir de aquí Clapton simplemente se dedica a recoger los frutos; viejos blues como “Hoochie Coochie Man” o “Have you ever loved a Woman” tocados con un feeling increíble para finalmente irse sin remisión a por sus clásicos “Cocaine”, “Wonderfull Tonight” y sobre todo “Layla”. Y es que, es en “Layla” donde la emoción se desborda completamente. Es maravilloso comprobar cómo un músico con una técnica brutal es capaz de anteponer la emoción por encima de la destreza. El solo de “Layla” es lento y cautivador, va directo al alma y no deja indiferente. Tras muchos años escuchando y estudiando a Eric he llegado a la conclusión de que este es su punto fuerte. Las primeras notas te ponen sobre aviso de lo que Clapton está a punto de abordar. Rompe las normas y todo el solo es un alarde de expresividad musical, todo su estilo, toda su carrera está resumida aquí. Donde otro músico habría hecho un alarde de técnica Clapton es sutil y refinado hasta el extremo. Pero no nos engañemos, Clapton, una vez más, hace algo más difícil de lo que parece, merece la pena tomarse un tiempo para escucharlo detenidamente. La cita está a punto de terminar y Eric aborda otro Clásico “Sunshine of your Love” para firmar una noche mágica.
Un concierto para disfrutar, para sentirlo y para comprobar que el viejo Eric todavía es capaz de encontrar “ese feeling” cuando quiere traspasar la línea.
Indispensable.
Descarga aquí:
Nagoya 2001.
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